sábado, 9 de agosto de 2014

Aleix Martínez es Dalí en Sant Pere de Rodes

Los cuatro bailarines del Ballet de Hamburgo: Aleix Martínez,
Yaiza Coll, Marc Jubete y Sasha Riva. Foto: Elena Puiggrós


Pequeño gran espectáculo de danza en el magnífico marco del monasterio de Sant Pere de Rodes, en el Alt Empordà. Pequeño por el reducido número de intérpretes y por el reducido escenario de la iglesia del monasterio. Grande por la calidad de la propuesta a todos los niveles, músicos, bailarines, recitador y estructura del montaje que nos acerca a la figura de Salvador Dalí.

Carolina Masjuan


Aleix Martínez, Sasha Riba y Eloi Gómez.
Foto: Elena Puigrós
En las colinas que bordean la costa ampurdanesa cuando ya casi acaba la Costa Brava catalana, sobre las localidades de Llançà, Por de la Selva y Cadaqués/Port Lligat, se alza el magnífico monasterio Benedictino de Sant Pere de Rodes. Mediante minuciosos trabajos realizados año tras año, ha alcanzado ya un nivel de restauración que permite celebrar en él diversas actividades. La visita vale la pena, su restaurante invita a degustar las delicias de la zona mientras se disfruta de las espléndidas vistas y su iglesia permite desarrollar actividades culturales en un entorno de lo más sugerente y atractivo.

El Festival de Sant Pere de Rodes ofrece sobretodo música, pero el primer fin de semana de Agosto, a la música se le añadió danza y también voz en forma de recitación de poemas. ¿Qué mejor marco para recordar a Dalí que ese lugar mágico que se yergue encima de la que fuera morada del genio ampurdanés durante tantos años junto con su amada Gala? Dalí respiró ese mismo aire, sufrió el mismo azote del viento local, la Tramuntana, que tantos genios ha dado, disfrutó de ese mismo mar...

“Le surréalisme c'est moi” es un espectáculo de reflexión sobre el mundo daliniano y su figura. Un acierto que el joven bailarín y coreógrafo Aleix Matínez Juan (Barcelona 1992) supo crear y organizar, primero desde la distancia –ya nos habló de este proyecto en la entrevista que nos concedió y que pueden leer en este enlace- y luego aquí, con apenas una semana de ensayo con todos los artistas implicados, entre Barcelona y el mismo monasterio, para que el puzle encajara. Y encajó, y todos encontramos a Dalí, vivimos sus paranoias, nos acercamos a él, lo imaginamos, lo sentimos. Con Aleix y con el resto de personajes, los bailarines Sasha Riva (Lorca y Cisne), Yaiza Coll (Gala), Eva Basulto (La madre, Felipa Doménech, y la Creación) y Marc Jubete (Un militar y La Creación), compañeros suyos en el Ballet de Hamburgo que dirige el reconocido corógrafo John Neumeier, excepto Eva Basulto que lo fué en la Compañía de David Campos.

Marc Jubete, Eva Basulto y José Antonio Domené.
Foto: Elena Puiggrós.

Los elementos oníricos asociados a Dalí, su extravagante indumentaria que le hemos visto en entrevistas y fotografías, fácilmente identificamos al personaje y lo hacemos en un montaje donde la música, sabiamente escogida, suena de maravilla interpretada por reconocidos artistas de la escena internacional. En la primera parte el dúo de piano a cuatro manos formado por Carles Lama y Sofía Cabruja nos brindó obras de Debussy (Preludio a la siesta de un fauno) y Ravel (La valse). La segunda parte contó con la música de arpa de José Antonio Domené que interpretó obras de Britten (Nocturno de la suite para arpa), Fuentes (Sombras espesas), Montsalvatge (Variaciones sobre un tema anónimo) y Quetglàs (Chaconne) Finalizamos de nuevo con el dúo de piano a cuatro manos que en esta ocasión interpretó obras de Wagner, el compositor favorito de Dalí, (Obertura y Canción de la estrella de Tannhauser y la Muerte de amor de Tristan und Isolde.

Marc Jubete y José Antonio Domené. Foto: Elena Puigrós
Pero, ¿quién era Dalí? Esta pregunta es el punto de inicio del espectáculo, a través del cual intentamos adentrarnos en el mundo más interno y humano del artista. “Yo, como coreógrafo, me siento inspirado en la esencia de las cosas, en las relaciones humanas” dice Aleix. 

Con este punto de partida nos sumergimos en el espectáculo que ya ha empezado incluso antes, mientras íbamos acomodándonos en nuestros asientos y descubriendo el magnífico aunque pequeño entorno, Marc Jubete se va apoderando lentamente de nuestros sentidos, su danza misteriosa y su conexión con el público hacen más llevadera la espera, captando completamente nuestra atención … y atentos, expectantes… de pronto todo empieza y Aleix/Dalí cobra vida sobre el pequeño entarimado.

Dalí creó de sí mismo un personaje extravagante, surrealista, excéntrico pero ¿cómo era él reamente? Aunque la obra no pretende ser una biografía del artista, Aleix nos plantea un Dalí muy diferente al que tenemos en mente. Dalí es un personaje triste, afectado por la muerte de Gala, cansado de la vida,… 

Dalí surrealista, el surrealismo es él. La dependencia con su madre, su relación afectiva con Federico García Lorca, su ambigüedad sexual que le atormenta, Gala, la mantis poderosa, hermosa, la guerra, … Todo está allí, de forma onírica, las muletas en forma de horca de labranza, la langosta, la reliquia, de Nueva York a Port Lligat con los huevos gigantes, la figura del Cisne, tranquila primero, inquietante más tarde, que le arrebata su fuerza creativa, ya ha perdido a Gala ¿qué le queda? Los genios nunca deben morir, el Cisne le guía ahora hacia Gala y con su reencuentro vuelve la inspiración. Un final onírico y muy bello nos despierta del sueño. Sí, durante algo más de dos horas, hemos soñado con él, nos hemos reencontrado con Dalí y hemos vivido sus locuras.
Sasha Riva y Aleix Martínez con Sofia y Carles al piano.
Foto: Elena Puiggrós

El espectáculo incorpora con gran acierto los versos de Lorca (Oda a Salvador Dalí) y J. V. Foix (És quan dormo que hi veig clar) recitados por Eloi Gómez. El muy joven Eloi, estudiante de teatro en el Institut del teatre, apareció con gran temple en escena y recitando sabiamente los textos, contribuyó a sumergirnos aún más si cabe en el universo daliniano.

Todas las partes del puzzle encajaban de forma matemática brindándonos un espectáculo muy completo de música, danza y teatro. La iluminación a cargo de Felip Martí y el vestuario de Carles Solé, completaron una propuesta muy bien engarzada y de gran calidad que debería poderse ver en un teatro con más espacio escénico, para poder disfrutar de las magníficas cualidades de estos bailarines clásicos con una gran técnica, suficientemente demostrada a pesar de las limitaciones, y con más aforo, que permitiera ser apreciado por un público más numeroso. El estupendo trabajo lo merece. ¡Gracias a todos!


FEDERICO GARCÍA LORCA
(Oda a Salvador Dalí)
Una rosa en el alto jardín que tú deseas.
Aleix Martínez y Yaiza Coll. Foto: Elena Puiggrós

Una rueda en la pura sintaxis del acero.
Desnuda la montaña de niebla impresionista.
Los grises oteando sus balaustradas últimas.
Los pintores modernos, en sus blancos estudios,   
cortan la flor aséptica de la raíz cuadrada.
En las aguas del Sena un ice-berg de mármol
enfría las ventanas y disipa las yedras.
El hombre pisa fuerte las calles enlosadas.
Los cristales esquivan la magia del reflejo.          
El Gobierno ha cerrado las tiendas de perfume.
La máquina eterniza sus compases binarios.
Una ausencia de bosques, biombos y entrecejos
yerra por los tejados de las casas antiguas.
El aire pulimenta su prisma sobre el mar              
y el horizonte sube como un gran acueducto.
Marineros que ignoran el vino y la penumbra,
decapitan sirenas en los mares de plomo.
La Noche, negra estatua de la prudencia, tiene
el espejo redondo de la luna en su mano.                        
Un deseo de formas y límites nos gana.
Viene el hombre que mira con el metro amarillo.
Venus es una blanca naturaleza muerta
y los coleccionistas de mariposas huyen.
                          *
Cadaqués, en el fiel del agua y la colina,               
eleva escalinatas y oculta caracolas.
Las flautas de madera pacifican el aire.
Un viejo dios silvestre da frutas a los niños.
Sus pescadores duermen, sin ensueño, en la arena.
En alta mar les sirve de brújula una rosa.             
El horizonte virgen de pañuelos heridos,
junta los grandes vidrios del pez y de la luna.
Una dura corona de blancos bergantines
ciñe frentes amargas y cabellos de arena.
Las sirenas convencen, pero no sugestionan,        
y salen si mostramos un vaso de agua dulce.
                          * 
¡Oh Salvador Dalí, de voz aceitunada!
No elogio tu imperfecto pincel adolescente
ni tu color que ronda la color de tu tiempo,
pero alabo tus ansias de eterno limitado.                       
Alma higiénica, vives sobre mármoles nuevos.
Huyes la oscura selva de formas increíbles.
Tu fantasía llega donde llegan tus manos,
y gozas el soneto del mar en tu ventana.
El mundo tiene sordas penumbras y desorden,      
en los primeros términos que el humano frecuenta.
Pero ya las estrellas ocultando paisajes,
señalan el esquema perfecto de sus órbitas.
La corriente del tiempo se remansa y ordena         
en las formas numéricas de un siglo y otro siglo.
Y la Muerte vencida se refugia temblando
en el círculo estrecho del minuto presente.
Al coger tu paleta, con un tiro en un ala,
pides la luz que anima la copa del olivo.               
Ancha luz de Minerva, constructora de andamios,
donde no cabe el sueño ni su flora inexacta.
Pides la luz antigua que se queda en la frente,
sin bajar a la boca ni al corazón del hombre.
Luz que temen las vides entrañables de Baco        
y la fuerza sin orden que lleva el agua curva.
Haces bien en poner banderines de aviso,
en el límite oscuro que relumbra de noche.
Como pintor no quieres que te ablande la forma
el algodón cambiante de una nube imprevista.                
El pez en la pecera y el pájaro en la jaula.
No quieres inventarlos en el mar o en el viento.
Estilizas o copias después de haber mirado
con honestas pupilas sus cuerpecillos ágiles.
Amas una materia definida y exacta                     
donde el hongo no pueda poner su campamento.
Amas la arquitectura que construye en lo ausente
y admites la bandera como una simple broma.
Dice el compás de acero su corto verso elástico.
Desconocidas islas desmienten ya la esfera.                    
 Dice la línea recta su vertical esfuerzo
y los sabios cristales cantan sus geometrías.
                          * 
Pero también la rosa del jardín donde vives.
¡Siempre la rosa, siempre, norte y sur de nosotros!
Tranquila y concentrada como una estatua ciega
ignorante de esfuerzos soterrados que causa.
Rosa pura que limpia de artificios y croquis
y nos abre las alas tenues de la sonrisa.
(Mariposa clavada que medita su vuelo.)
Rosa del equilibrio sin dolores buscados.               
¡Siempre la rosa!
                          * 
¡Oh Salvador Dalí de voz aceitunada!
Digo lo que me dicen tu persona y tus cuadros.
No alabo tu imperfecto pincel adolescente,
pero canto la firme dirección de tus flechas.                    
Canto tu bello esfuerzo de luces catalanas,
tu amor a lo que tiene explicación posible.
Canto tu corazón astronómico y tierno,
de baraja francesa y sin ninguna herida.
Canto el ansia de estatua que persigues sin tregua
el miedo a la emoción que te aguarda en la calle.
Canto la sirenita de la mar que te canta
montada en bicicleta de corales y conchas.
Pero ante todo canto un común pensamiento
que nos une en las horas oscuras y doradas.         
No es el Arte la luz que nos ciega los ojos.
Es primero el amor, la amistad o la esgrima.
Es primero que el cuadro que paciente dibujas
el seno de Teresa, la de cutis insomne,
el apretado bucle de Matilde la ingrata,                 
nuestra amistad pintada como un juego de oca.
Huellas dactilográficas de sangre sobre el oro,
rayen el corazón de Cataluña eterna.
Estrellas como puños sin halcón te relumbren,
mientras que tu pintura y tu vida florecen.                      
No mires la clepsidra con alas membranosas,
ni la dura guadaña de las alegorías.
Viste y desnuda siempre tu pincel en el aire,
frente a la mar poblada con barcos y marinos.


És quan dormo que hi veig clar
Todos los artistas al final del espectáculo.
Foto: Elena Puiggrós
És quan plou que ballo sol,
vestit d'algues, or i escata,
hi ha un pany de mar al revolt
i un tros de cel escarlata,
un ocell fa un giravolt
i treu branques una mata,
el casalot del pirata
és un ample gira-sol.
És quan plou que ballo sol
vestit d'algues, or i escata.

És quan ric que em veig gepic
al bassal de sota l'era,
em vesteixo d'home antic
i empaito la masovera,
i entre pineda i garric
planto la meva bandera;
amb una agulla saquera
mato el monstre que no dic.
És quan ric que em veig gepic
al bassal de sota l'era.

És quan dormo que hi veig clar,
foll d'una dolça metzina,
amb perles a cada mà
visc al cor d'una petxina,
só la font del comellar
i el jaç de la salvatgina,
-o la lluna que s'afina
en morir carena enllà.
És quan dormo que hi veig clar,
foll d'una dolça metzina





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