lunes, 27 de julio de 2015

Sylvie Guillem, el adiós de la diosa de la danza

Sylvie Guillem en Bye de Mats Ek.
Foto: Bill Cooper

Tenía que ser el Festival Castell de Peralada quien acogiera en su gira mundial de despedida, a la gran dama del ballet de los último tiempos. Sylvie Guillem dice adiós a su público con “Life in Progress”, una coproducción del Sadler Wells y el Festival Les Nuits de Fourvière de Lyon y éste es indiscutiblemente EL acontecimiento mundial de este año.

Carolina Masjuan

Y para la gira de despedida con el público español la gran bailarina ha elegido el insuperable marco del castillo que acoge a uno de los mejores festivales. Peralada, donde ella nunca había bailado, ya podrá poner en un lugar de honor en la lista de los mejores artistas que han pisado su escenario, a la bailarina francesa con ascendencia catalana. Sólo, hace ya unos años, el festival programó una Giselle por la Scala de Milán coreografiada por ella, pero su danza nunca había iluminado las noches de los jardines del castillo.

Descansando antes de una actuación. Foto: Getty
Sylvie dice que lo deja, que quiere dejarlo cuando aún está en lo más alto, que quiere que su público la recuerde en toda su plenitud. Pero ¿será capaz? ¿cómo puede alguien que lo ha dado absolutamente todo por la danza, arte para el que está increíblemente dotada, espíritu rebelde, abierto, valiente, emprendedor, amante de los retos y de los cambios, cómo podrá ella dejar lo que ha sido su vida?

Según explicó la misma Guillem "He amado cada momento de los últimos 39 años y, hoy, todavía los amo de la misma manera. ¿Y por qué parar? Muy sencillo, porque quiero terminar mientras todavía sea feliz haciendo lo que hago con orgullo y pasión".

Vegana convencida, luchadora activa por diversas causas a favor de la biodiversidad y en contra de la violencia y la masacre de muchos animales en distintos puntos del planeta, ahora tendrá tiempo para dedicarse a estos nobles fines pero ¿no echará de menos la danza, la escena y a su público? Veremos….

¿Y nosotros? ¿Asumimos que esto va en serio? ¿Que ya no podremos disfrutar de nuestra querida Sylvie? Siempre nos quedaran nuestros recuerdos... Hemos tenido la suerte de verla en diversas ocasiones con distintos registros: Programa Béjart en Fourvière, “Sacred Monsters” con Akram Khan en el Teatre Grec de Barcelona, o esa Manon en La Scala hace cuatro años de la que hablamos aquí

Here & After de Russell Maliphant. Foto: Bill Cooper
Sylvie, única, con miles de seguidores en todo el mundo, a quienes ella mima aunque tenga fama de esquiva. No es cierto, su equipo la protege y Sylvie se deja llevar, pero siempre que se logra acceder a ella, responde con amabilidad y cariño, sin un no a un autógrafo o incluso a alguna foto ansiada.

La noche del viernes, una vez más, la lluvia amenazaba con aguarnos la fiesta. Como el año pasado, cuando quien debía bailar era Tamara Rojo y su compañía, el ENB, los relámpagos, truenos y aguaceros se iban sucediendo en el Alt Empordà y sobre el castillo de Peralada. La pareja de cisnes, junto con toda su prole recién nacida - ¡cuan propio habría sido este año programar un Lago con tanto cisne real en el estanque!- chapoteaban en el agua del lago aprovechando que ésta caía también del cielo, ajenos al drama que podría suponer si la lluvia continuaba. Pero los dioses aman la danza y Sylvie Guillem es la actual diosa indiscutible de este arte, así que no hay duda de que los hados nos serán favorables y el espectáculo se hará.

Y efectivamente el temporal amainó y la danza empezó con la obra que ha creado Akram Khan para la ocasión: Techne, con los músicos en escena. Las piezas de Akram siempre impactan, es uno de los más reconocidos coreógrafos actuales y muchas compañías se disputan sus obras. En Barcelona, hemos podido disfrutar de varias de ellas en el Mercat, en el Grec (como ya mencionamos) así como el año pasado en el mismo Peralada, cuando vimos Dust creado para el English National Ballet y ahora con ésta que abre la función. Pieza muy exigente técnicamente, sobre las relaciones entre naturaleza y tecnología (el árbol de la escenografía así lo muestra), las cualidades naturales de Sylvie, junto con su exquisita sensibilidad, la convirtieron en uno de los momentos más brillantes de la velada.

Duo de William Forsythe. Foto: Bill Cooper
Siguió Duo 2015, un extracto reinterpretado de la obra de Wiliam Forsythe creada en 1996 en Frankfurt sobre música de Thom Willems. El albanés Brigel Gjoka y el norteamericano Riley Watts, ambos miembros de la compañía alemana de William Forsythe, están magníficos en el lenguaje coreográfico del creador americano. Con una precisión espectacular ambos artistas interpretan el gesto y el estilo típico de esos tiempos del coreógrafo. Muy visto, sí, pero ha sido un estilo importante en la trayectoria de Sylvie, no olvidemos que fue para ella para quien Forsythe creó el ballet, ahora ya de culto, In the Middle Somewhat Elevated, cuando ella aún estaba en la Ópera de París. Momento de descanso obligado y necesario para la bailarina que estos dos artistas cubren con muy buen hacer.

La tercera pieza, Here & After, de Russell Maliphant, otro coreógrafo habitual en los últimos años de la carrera de Sylvie, es un dúo femenino sobre la música de Andy Cowton. Acompaña a Sylvie la italiana Emanuela Montanari del ballet de la Scala de Milán. Un duo muy expresivo y lírico, en el que la importancia del detalle, del gesto, lleva el peso de la pieza. Muy compenetradas, la verdad es que es hacia Sylvia adonde se desvía la mirada, para admirarla, detectar ese giro de cuello, de mano, esa mirada que nos ha seducido y a la que debemos decir adiós.

El programa se cierra con el solo creado por Mats Ek para la bailarina hace cuatro años: Bye, que recuerda en muchos momentos a ese otro solo que también creó para ella el coreógrafo sueco, Smoke. Fue en Bye donde observamos a la Sylvie más emotiva, más comprometida con ese adiós, el cubo desde donde aparece y desaparece, ahora acompañada por personas cercanas, o con Sylvie desdoblada mientras evoluciona en la escena, tiene un significado claro de despedida. Muy a nuestro pesar, esto se acaba, la función concluye, Sylvie se va, de nuevo a Londres y a seguir con la gira que a final de año concluirá en Japón, dónde tiene a uno de sus más fervientes públicos. Adiós, Sylvie, gracias por tanto y sobretodo, sé feliz…

Techné de Akram Khan. Foto: Bill Cooper
A principios de año, con motivo de la entrega del Pemio Lawrence Olivier concedió una entrevista de la que transcribimos algunos fragmentos. “Estos 39 años sobre el escenario que ahora se me premian, han sido años de absoluto placer. Tuve mucha suerte de que la danza viniese a mí y lo amé absolutamente todo de ella”. 

Nacida en los suburbios de París, hija de un mecánico y una profesora de gimnasia, empezó a entrenarse con la gimnasia artística a los seis años y llegó a la escuela de la Ópera de París a los 11 años por medio de un intercambio. Allí fue, por méritos propios, la niña mimada de su maestra, Claude Bessy.

Sus progresos en la escuela fueron en gran parte debidos a que lo que para otros era difícil, ella lo conseguía sin esfuerzo, obteniendo la máxima nota en cada examen. Estaba sencillamente “diseñada” para la danza: proporciones adecuadas, pies perfectos y largas piernas, ligamentos flexibles y mucha fuerza. Pero también empezó a ver la danza de otra manera, a sentir que era capaz de expresar pasos de forma distinta, ampliando la técnica que se le enseñaba. Cuando Rudolf Nureyev fue nombrado director artístico en 1983, Sylvie Guillem era la bailarina más destacada de una generación de grandes bailarinas esperando lanzar su carrera desde el cuerpo de baile de la prestigiosa institución. Estaban llamadas a ser sus instrumentos para dotar a la maison de un necesario soplo de aire fresco. Sylvie fue bailarina del ballet de la Ópera de París desde 1984 a 1989 llegando al máximo rango, el de étoile, a los 19 años.

Romeo y Julieta con Jonathan Cope en el Royal Ballet.
Foto: ARENAPAL
De Nureyev dice: “Sin su generosidad, su inteligencia y su visión, no habría hecho lo que hice”. Pero la proyección que dio Nureyev a su carrera no impidió que Sylvie se opusiera a algunos de sus puntos de vista: “Cuando creía que algo era correcto, estupendo, pero cuando yo pensaba que algo no estaba bien, no estaba dispuesta a ceder. Por lo tanto discutíamos acerca de algunas de sus decisiones, por ejemplo a veces por el tipo de partenaire que él quería imponerme, aunque al final conseguía que nos riéramos de todo eso porque en el fondo ¡él era tan ingenioso y perspicaz!”.

Su respeto mutuo y su cariño continuaron mucho tiempo después de que ella hubiese dejado París. Cuando le llamaba por teléfono para comentarle cómo iban las cosas en el Royal Ballet, él respondía “así me entiendes ahora” recuerda Sylvie riendo de nuevo “era una persona fantástica, un monstruo sagrado”.

Entre 1989 y 2003 hizo carrera como primera figura del Royal Ballet de Londres con el sueldo más alto pagado jamás a una bailarina en el Reino Unido pero también allí surgieron las dificultades. Guillem se fue al Royal Ballet porque le garantizaron que podría tomar sus propias decisiones pero. “Por qué debería haber dejado la Ópera de París para encontrarme con los mismos problemas en el Royal Ballet?” Se lamenta “Mais non.” Esa ha sido siempre su premisa, el deseo de explorar libremente cada rincón de la danza y compartir sus descubrimientos con su público.

Techne de Akram Khan.
Foto: Bill Cooper
Cuando habla de su periodo en el Royal, Sylvie muestra una mezcla de alegría y frustración. Amaba el repertorio de la compañía pero constantemente había confrontaciones con el coreógrafo Kenneth MacMillan, que entonces era como un dios. A Sylvie le gustaba bailar algunos de sus ballets como Romeo y Julieta y Manon. Pero no dudaba en mostrar su disgusto respecto a otros como El Príncipe de las Pagodas que coreografió en 1989. 

Sobre su legendaria habilidad para alzar su pierna en la perfecta posición de las “seis en punto” que escandalizó por entonces a ciertos sectores pero que transformó el mundo del ballet, comenta: ‘Hubo una bailarina en la Ópera de París que era incluso más flexible que yo, pero utilizaba esa condición sin ningún sentido estético. Yo intentaba hacerlo de una forma que no fuese vulgar, no como una “marca de la casa” sino sólo cuando tenía un sentido, cuando era apropiado hacerlo”.

Toda la pasión puesta en su arte tuvo como objetivo alcanzar ese ideal de hacer de la danza un arte comunicativo, implicando a la gente, no una serie de pasos históricos. ‘Tal vez mi visión del ballet no fuera la real. Yo lo vivía, lo sentía, disfrutaba, hacía lo que quería hacer. Sentía un gran placer en la relación que tenia con el público y trataba de ser inteligente en el nivel técnico que deseaba y en transmitir las emociones que deseaba. Romeo y Julieta, Manon, Giselle – no son historias estúpidas. Son roles fantásticos que tienen una gran carga emocional. La danza debe emocionar.

Siempre ha sido y continua siendo un ejemplo de dedicación, llega siempre la primera a la clase y es la última en irse, grabando cada movimiento en su mente. Hoy está creando la nueva pieza con Akram Khan acerca de las relaciones entre naturaleza y tecnología. Es un tema complejo y la coreografía es intrincada, ambiciosa y rápida.

‘Es esa velocidad lo que me mata’ comenta desplomándose, piernas separadas, doblando su cuerpo hacia adelante desde su pecho para recuperar el aliento. Pero aún se percibe el placer que experimenta creando una nueva obra. "Me gusta la creación, incluso si es algo difícil, siempre es muy emocionante”.

Foto de la portada del programa de la gira
"Life in progress"

Cuando decidí hacer una gira final, pensé: “Lo haré con gente con la que realmente disfruto trabajando”’ Así que además de la contribución de Khan, Russell Maliphant ha creado un nuevo dueto para Guillem y Emanuela Montanari; Forsythe está presente con Duo, para dos chicos bailarines y el programa concluye con Bye, el impactante solo de Mats Ek con la sonata final para piano de Beethoven.


Aunque en escena parece que a Guillem todo le sea tan fácil como siempre, la disciplina y el esfuerzo requeridos son inmensos. La mayoría de los días acaba los ensayos cojeando y aplicándose hielo en sus rodillas y caderas. ‘Tengo que conseguir aguante, repitiendo una y otra vez. Es doloroso, pero cada vez que consigues avanzar un poco, sientes que es un poquito más fácil. Es como darte golpes en la cabeza hasta que ya no sientes más el dolor” comenta riendo. ‘Es la única manera’.

Será un año extraño –y aún no sabe qué pasará después. Quizás hará campaña por causas medioambientales– como la organización para la conservación marina Sea Shepherd y la fundación Association Kokopelli – con las que se ha involucrado de forma creciente en los últimos años; quizás se implique en el mundo de la creación. ‘Si surge alguna idea y me atrae, lo haré. No cogeré algo porque esté asustada por no hacer nada. Esto también lo tendré que aprender. Ver la vida de otro modo”.


Entrevista completa aquí 


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